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Viernes, 20 julio 2018

Politólogo Rotsay Rosales

“Costa Rica ha soslayado el debate sobre papel de la prensa”

Por Ana Madrigal - Última actualización: 10 marzo, 2015

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Así lo expresa de manera contundente el politólogo, profesor e investigador de la Universidad de Costa Rica, Rotsay Rosales, en el marco de la  excitativa que hiciera recientemente el presidente Luis Guillermo Solís para  abrir la discusión en torno al papel de los medios de comunicación y la ética con la que trabajan.

Según Rosales resulta contradictorio y nocivo que mientras que aquí el ejercicio periodístico está debidamente regulado por un colegio profesional, lo medios de comunicación,  como actores de poder,  eluden sistemáticamente el debate y  se consideran prácticamente intocables.

El politólogo fue enfático al afirmar que sobre la base de falacias y mentiras en el país se ha venido soslayando por mucho tiempo  la discusión abierta sobre el papel de los medios de comunicación, como se ha hecho en cualquier otro país civilizado, desarrollado y democrático.

A través de un ejercicio de esta naturaleza se permite identificar  el verdadero papel que tienen los  medios de comunicación como poder fáctico que son y eso es sano para la democracia.   Sin embargo, en Costa Rica las empresas de comunicación se niegan sistemáticamente a decir claramente cuáles son sus posiciones ideológicas, incluso sus simpatías  político partidarias”, aseguró.

A manera de ejemplo Rosales citó casos como los periódicos El País, de España, Le Figaro, de Francia, o los diarios  Miami Herald, y el Washington Post en los Estados Unidos, cuyas líneas ideológicas son absolutamente conocidas por todos los ciudadanos.

“Contrario a lo que acontece en otras democracias, en Costa Rica, impregnada por una  cultura política a mi juicio hipócrita, los medios  esconden bajo un supuesto halo de neutralidad los verdaderos intereses ideológicos que tienen y los  modelos de desarrollo que promueven desde sus salas de redacción”, subrayó Rosales.

¿Necesita el país un  ombudsman o defensor de la presa?

Esta no es la primera vez que un mandatario muestra su disconformidad y hasta enojo con la forma en que los medios de comunicación cubren las fuentes de gobierno.

“Yo recuerdo en la época de Daniel Oduber y de Pepe Figueres, que claramente se decía que el mayor enemigo de Liberación Nacional era el diario La Nación, al punto que,  en algún momento,   el partido Liberación Nacional abrió hace más de 30 años su propio periódico llamado el Excelsior”.

Tras aquel acontecimiento, se dio una suerte de impase o de “luna de miel”, debido a la afinidad ideológica y coincidencia de intereses sobre el modelo de desarrollo que se venía dando entre el  Partido Liberación Nacional y los medios de comunicación.

A pesar que desde entonces no se ha abierto ninguna oportunidad para discutir o reflexionar sobre el tema,  vale la pena  destacar que algunos periodistas, por iniciativa propia, han venido alertando sobre la necesidad de crear una cultura del Ombudsman o defensor de la prensa, como  existe en otros países.

Según Rosales, para bien o para mal estos  debates se han dado en la mayoría de los países de América Latina, como fue el caso de Ecuador.  Lo curioso, advirtió, es que justamente han  tenido lugar en países que han tratado de avanzar hacia  modelos progresistas o alternativos al capitalismo actual.

“En esos  procesos no son los periodistas los que se han sentido amenazados, sino  más bien los propios  dueños de los medios de comunicación, los empresarios,  los mismos que ponen la plata, ponen la música y ponen el baile” destacó.

 Presidente quemó  rápido su “luna de miel” con la prensa

Para Rosales el gobierno tendrá que enfrentar consecuencias muy negativas debido al  temprano enfrentamiento  con la prensa. Entre otras mencionó que se le dificultará  el  posicionamiento de algunos temas claves, así como en su imagen y en percepción de opinión pública.

En ese sentido el presidente va a tener en contra a un sector que en mucho define la agenda política nacional, como lo han venido haciendo los medios de comunicación en los últimos años junto con los grupos empresariales y económicos más importantes del país.

Recordó que  el último presidente que marcó un tajante divorcio con la prensa fue Abel Pacheco y hasta el día de hoy su imagen se sigue viendo afectada.

Aseguró que en el reciente roce entre presidente y la prensa no hay un único culpable y  que habría que distribuir la culpa entre diferentes actores,  con distintos pesos ponderados. Entre ellos el mismo  presidente y su equipo de gobierno que no sabe comunicar,  el gobierno en su totalidad porque no solo hay que saber comunicar sino que además hay que tener cosas importantes que comunicar y dijo que  también habría que asignarle alguna cuota de culpa a alguna prensa.

Errores del mandatario

Entre los errores del presidente está el no querer señalar claramente a cuáles medios se refiere cuando habla de “acoso” y de “mentiras”.

“El político que pretende hablar y acusar tiene que decir nombres, más ante la prensa. No es justo  alborotar el panal y que salgan picados todos”, manifestó Rosales.

Otro error el presidente Solís radica en que ni él ni su equipo supieron diferenciar entre el  ejercicio  periodístico o la labor profesional y ética  del periodista  con  el papel de los dueños  de los medios de comunicación como actores de poder o lo que podríamos entender como “poderes facticos” o  “poderes de hecho”, los cuales,  compiten claramente con sus propias agendas  en la configuración del proyecto país para que responda a sus propios intereses empresariales.

“Quienes sí supieron aprovechar la queja del presidente, fueron los mismos dueños de medios y los  grupos opositores al gobierno y a sus ideas que lograron echarle encima al presidente  a un gremio de profesionales que lo  habían respaldado  en campaña”.

Según Rosales, cada vez que se intenta promover un debate sobre el papel de los medios de comunicación en el país, como poder fáctico que son, los mismos dueños lo convierten muy hábilmente como si fuera un ataque directo contra los periodistas.

A las empresas de comunicación y a sus dueños les conviene que se entienda así porque logran  que el gobierno se  eche encima a estos profesionales  que en la democracia tienen un papel relevante en el seguimiento y publicación de la agenda nacional.