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Viernes, 17 agosto 2018

Jeremy Rifkin

“El capitalismo está pariendo un hijo”

Por Ana Madrigal - Última actualización: 19 febrero, 2016

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Jeremy Rifkin es uno de los futurólogos más influyentes y respetados del momento.  Desde hace más de tres décadas investiga el impacto de los cambios científicos y tecnológicos en la economía, la fuerza de trabajo, la sociedad y el medio ambiente.

Este sociólogo, economista, escritor, orador y activista estadounidense es además, asesor político de la Unión Europea y  del Parlamento Europeo y se la pasa aconsejando a gobiernos de medio mundo para prepararlos para las transiciones sociales y económicas que se avecinan. Entre otros los de Angela Merkel y Francois Holande.

Como profeta moderno,  acostumbrado a anticipar los cambios del mundo (y hasta ahora nunca se ha equivocado), nos anuncia su nuevo vaticinio: el   “capitalismo está pariendo un hijo”. Se trata de la economía compartida, el primer modelo económico de este tiempo luego de que naciera el capitalismo y el socialismo al comienzo del Siglo XIX.

Según él estamos ante un  evento tan histórico  como   sorprendente en el que  “el padre transforma al niño y el niño cambia a sus padres”. El “capitalismo padre” va a tener que cuidar a sus niños, dejar que surjan, que caminen y se desarrollen y en este proceso, el padre también va a florecer por algunas décadas.

Con la certeza que le da la cantidad de investigaciones rigurosas que realizan sus calificadísimos equipos interdisciplinarios,  Rifkin predice que a mitad del siglo habrán dos sistemas coexistiendo en una economía híbrida, el capitalismo y la economía solidaria. Pero muy probablemente a partir del año 2050  el capitalismo comenzará a languidecer hasta su extinción.

El Internet de las Cosas y el costo marginal cero

La buena noticia, según Rifkin,  es que el nuevo modelo económico que está surgiendo, llámese economía solidaria,  compartida o colaborativa, va a democratizar la economía mundial criando una sociedad más justa y una civilización más  ecológica. Y claro, el  agente precipitador de este gran cambio es el costo marginal cero. Por lo tanto nos enrumbamos hacia una Sociedad de Costo Marginal Cero, que es precisamente el título de su último libro, que al igual que sus otras 20 publicaciones anteriores se vende como pan caliente.

A pesar de que  sus editores le advirtieron que el título era estrambótico y que nadie lo iba a entender, Rifkin se mantuvo firme en su escogencia argumentando que esa rareza  obligaría a profesores y maestros a explicar qué es el costo marginal cero que logra bienes y servicios más baratos, eleva el consumo,  genera más utilidades a los  inversionistas y amplifica los mercados.

Según él, en toda la historia del capitalismo nadie se hubiera podido imaginar que la revolución tecnológica que ocasionará el internet de las cosas llegara  a reducir el costo marginal a puntos tan bajos  como para generar  un sistema capitalista más democrático, en el que  algunos productos y servicios fueran gratis y abundantes y encima se pudieran compartir.

Sin duda, asegura,  este es el comienzo de un nuevo paradigma económico y de una nueva revolución industrial,  disruptiva,  que obliga a las  empresas a  transformarse o morir y en donde las nuevas industrias ya están surgiendo.

Rifkin sabe lo que habla y nos dice que una nueva civilización está naciendo y en ella, la nueva plataforma tecnológica de internet de las cosas, cambiará casi todo a como lo conocemos hoy.

Bienvenidos a la economía colaborativa

Para Rifkin, pero también para otros  futurólogos, la economía colaborativa es la única opción que le queda a la humanidad y al planeta para sobrevivir.

Este argumento se sustenta aún más con las declaraciones  de Brian Chesky, fundador y CEO de Airbnb, quien asegura que en Estados Unidos, existen aproximadamente unos 80 millones de taladros domésticos, cada uno de los cuales tiene un uso medio de unos 13 minutos a lo largo de su vida útil.

Si seguimos por el camino de seguir fabricando cantidad de nuevos modelos de “chunches” cada año para complacer al voraz consumismo, el planeta, no resistirá más. Estamos sin duda ante una  encrucijada. O consolidamos la economía colaborativa para la mitad de este siglo o necesitaremos para ese año el equivalente de dos o tres planetas tierra para complacer a los 9 mil millones de habitantes imbuidos en la sórdida cultura de la  depredación de los recursos.

La economía colaborativa, que ya está naciendo, nos mueve más bien a compartir los “chunches” lo que genera una sociedad más solidaria y le dará al  planeta un respiro.

El capitalismo se le ha enseñado a los niños desde la más tierna edad, cuando, por ejemplo en navidad, se le dice a la niña que la muñeca que le trae el Niño Dios es de su propiedad, que la cuide y que no se la preste ni al hermanito. Por el contrario, en la economía colaborativa, según Rifkin, los padres le regalan la muñeca a la niña y le piden que la cuide mucho porque en el futuro esa misma muñeca va a ser felices a muchas más niñas de todo el mundo.

De hecho, ya hay millones de padres en todo el mundo que impregnados del  espíritu del nuevo paradigma comparten, alquilan y venden muñecas y otros juguetes en redes.

En realidad si nos ponemos a pensar, sí es cierto que necesitamos de vez en cuando algunas o muchas cosas, pero no necesitamos que sean de nuestra propiedad y más bien sería más rentable pagar por su uso cuando se necesitan.

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¿Qué es la economía colaborativa?

Algunos definen la economía colaborativa como aquella que tiene como denominador común la compartición entre iguales de bienes infrautilizados o la prestación de servicios de pequeño valor económico, apoyándose para ello en Internet y las nuevas tecnologías.

Nos abre, ni más ni menos, la posibilidad de asumir de una vez por todas la responsabilidad de  ser realmente  eficientes en la asignación de los recursos existentes y en el respeto al medio ambiente

Las cifras que comienza a sacudir este fenómeno de la economía compartida son astronómicas. Millones de personas negocian en la red la venta a precios bajos de juguetes que ya no usan, si a alguien le sobre una habitación en su casa la alquila a través de  la plataforma Airbnb, poniendo en serios aprietos a la industria hotelera. En Europa Blablacar es la plataforma para compartir el carro con otros y las ganancias suben como la espuma. Uber,  conecta a pasajeros con conductores a través de una aplicación, permitiendo un servicio de transporte más barato que los taxis. Desde su fundación en el año 2009 se ha extendido a más de 70 ciudades.

Según el periódico Mundo, edición América, solo en España se calculan unos 100 millones de asientos de coche vacíos al día. Ese desperdicio se da hoy en prácticamente todo. Pero la economía colaborativa nace para ponerle el cascabel al gato.

La suerte  está echada. ¿Logrará el internet de las cosas construir una sociedad más inteligente, más solidaria  y más justa para el año 2050? Roguemos que sí, de lo contrario estaremos a las puertas de la sexta extinción de la biosfera y esta vez no será por el choque de un asteroide o por las fuerzas de la naturaleza, sino por la voracidad, egoísmo  y miopía del ser humano.

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