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Miércoles, 13 diciembre 2017

El presidente se acostumbró a los chineos de la prensa y ahora no acepta críticas

Por Ana Madrigal - Última actualización: 9 marzo, 2015

 

 

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Pocos días después de que Luis Guillermo Solís ganara las elecciones, escuchamos al politólogo Francisco Barahona decir en un programa de comunicación,  que si Solís hubiera sido candidato del Colegio de Periodistas, seguramente hubiera ganado por barrida.

El comentario confirmaba el enorme apoyo y simpatía que le brindó la prensa  desde la campaña el candidato del Pac. Sin embargo, la luna de miel duró muy poco y hoy a casi un año de gobierno,  el rostro del presidente se torna duro y repleto de amargura cada vez que tiene que atender a la prensa.

El presidente parece olvidar que tanto la prensa como los costarricenses le dieron una tregua pese a que las pifias fueron evidentes desde el mismo día de la toma de posesión, cuando fue obvio que él ni si equipo sabían el abc del protocolo del día.

Desde las primeras semanas  de gobierno los periodistas  que cubren Casa Presidencial y otras fuentes políticas comenzaron  a notar primero con desilusión y más tarde con mucha preocupación  la seguidilla de fallas de equipo de  gobierno, comenzando por Casa Presidencial.

El señalamiento de contradicciones, tanteos y novatadas únicamente las comentaba la prensa en círculos de confianza, dándole al mandatario y a su equipo un lapso prudencial para que aprendieran y reaccionaran.

Pero las enmiendas  no solo no llegaron sino que el propio  presidente volvió a sorprender al país diciendo que “no era lo mismo verla venir que bailar con ella”, frase que pasará a la historia como la insignia del primer gobierno del PAC.

Al mismo tiempo se hacía más evidente las falencias de los operadores políticos del presidente que en lugar de sacar el pecho por él, lo obligaban a rectificar o aclarar metidas de pata. Además, la comunicación oficial hasta el día de hoy sigue siendo errática y poco eficaz,  como lo reconocen los mismos jerarcas del gobierno. En cuanto a la estrategia de comunicación propiamente dicha sigue siendo ignota y se desconoce si está en preparación o engavetada.

Con ese telón de fondo  causa sorpresa y hasta indignación,  que el presidente Solís aparezca ahora endilgándole todos los males de su gestión a la misma prensa que lo catapultó políticamente a  Zapote. Así lo han señalado distintos analistas y actores políticos.