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Miércoles, 13 diciembre 2017

EDITORIAL

¿Mintió el presidente?

Por Colaborador(a) - Última actualización: 20 enero, 2015

 

Según la Procuradora de la República Luis Guillermo Solís sí mintió, cuando el mandatario le dijo a la prensa categóricamente desconocer los detalles del caso Soley, información que ella misma le había brindado casi 24 horas antes de manera “pormenorizada”.

Ante el  nuevo escándalo que sacude a Casa Presidencial es inevitable plantear qué pensará aquella miríada de analistas políticos que durante la campaña electoral, con segunda ronda incluida,  no se cansaban de exaltar la  habilidad del candidato Luis Guillermo Solís como  “un excelente” lector de la realidad nacional.

De contar con esa pericia, mal ha hecho el presidente en no ponerla en práctica durante su ejercicio presidencial. Por el contrario,  lo que sí hemos visto es como una y otra vez desaprovecha el sentido de oportunidad para encarar los problemas con la contundencia y transparencia, permitiendo que escalen como la espuma y se salgan del canasto  hasta convertirse en escándalos como el de Iván Barrantes y  más recientemente  el de Daniel Soley.

Ambos ejemplos parecieran indicar que el presidente se está acostumbrando a menospreciar la inteligencia de los ciudadanos y la capacidad de la prensa nacional. Y con  los dos casos ha sido el  mismo mandatario quien debilita el símbolo de la Casa de Cristal con chapea de arbustos incluida.

Si Luis Guillermo Solís, como presidente  no está haciendo una buena lectura de la realidad nacional, sus operadores políticos y séquito de asesores de imagen y comunicación mucho menos.

Ni uno solo de sus operadores políticos ha mostrado hasta ahora sus fortalezas. Y aunque el resultado de sus nombramientos, como el de muchos, pareciera fue realizado por inopia, poco han hecho para convencer  a la opinión pública de lo contrario.

A todas luces, han sido más bien sus falencias las que en no pocas ocasiones han puesto en aprietos al mismo presidente obligándolo a sacar la cara por aquellos que provocan el problema cuando se supone que debería ser al revés.

Si el presidente encontró un país encharralado, han sido sus figuras más cercanas las que más han contribuido a “encharralarle” más la finca. Para colmo de males  se amarran a sus cargos y se resisten a renunciar. Decía  Rotsay Rosales,  analista político, que son funcionarios que “se aferran a la palmera en el vendaval y se van al suelo con ella antes que renunciar”.

Lo que es cada vez más notorio y doloroso es que la curva de aprendizaje del nuevo gobierno se está haciendo ya muy larga y casi agónica para un pueblo ilusionado que esperaba rápidos resultados a los más grandes y viejos problemas.

En cuanto al caso Soley solo restan muy pocas horas para saber toda la verdad.